2010-10-17
DISCUSION EN EL ESTUCHE
Un día hicieron una reunión en el estuche para ordenarse y tenerlo limpio. Decidieron ponerse en grupos, todos los rotuladores juntos, también los lápices y las gomas...
Al terminar, los lápices empezaron a protestar porque como eran todos altos y nuevos, no querían que ese pequeño y gastado lápiz estuviera con ellos. Entonces los demás empezaron a protestar:
-Porqué vosotros sois nuevos, pero este lápiz ha escrito un montón de libros y de redacciones.
-Pero eso a nosotros nos da igual. No queremos que este lápiz esté con nosotros.
-No le vamos a echar, porque la mayor parte del estuche está con nosotros.
Y así estuvieron un rato, pero al final acordaron que le dejaban estar con una condición: que una noche de cada semana se reunan todos y el lápiz contara una de sus historias.
Y así todo se arregló.
2010-10-05
Centenario de MIguel Hernandez
LAS ABARCAS DESIERTAS
Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.
Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.
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